ATELIER

Jorge Pineyrua Bauza

Galería de cuadros al óleo

Acuarelas

Una breve reseña sobre la acuarela, este médium maravilloso, difícil, y tan apasionante para los artistas que se dedican a ella como los que solo se aventuran  por curiosidad a experimentarla.

En el siglo XII, los árabes introdujeron la fabricación de papel en España y la tecnología se extendió a Italia, décadas más tarde. Algunos de los más antiguos fabricantes de papel incluyeron a Fabriano (en Italia), desde 1276 y Arches (en Francia), desde 1492.

 

Durante el Renacimiento y los siglos posteriores (XVI y XVII), todos los estudios previos, dibujos, apuntes de figuras, partes del cuerpo en escorzo y el correspondiente cartone final (dibujo cuidado), se realizaba con una aguada monocroma pintada con dos colores sepia. Esta norma era seguida por Rafael, Leonardo, Miguel Ángel, entre otros, cuando tenían que pintar un cuadro o mural importante. La acuarela monocroma era el medio generalmente empleado para tomar apuntes al aire libre, empleando en ocasiones papeles en color gris o pintado previamente de color amarillo u ocre, sobre el que se pintaba después con sepia y agua. 

 

Fue Alberto Durero, precursor de la pintura a la acuarela, quien le confirió su verdadero valor, pero hasta siglos después no fue reconocido como gran acuarelista. Después de Durero la acuarela deaapareció como tal, pero se utiliza como medio auxiliar para pintar al óleo, como descubrieron posteriormente los artistas flamencos, y sobre todo, Pedro Pablo Rubens, quien concebía la obra mediante unos primeros apuntes que luego concretaba en un dibujo acuarelado a partir del primer esbozo, pintaba al óleo un proyecto a escala reducida. Anthon van Dyck y Jacob Jordaens, quienes trabajaron en el taller de Rubens, continuaron el estilo y la manera de trabajar de su maestro, el uno para sus óleosm, como fondo de sus retratos, el otro para sus tapices.

 

Aunque Rembrandt nunca pintó a la acuarela, pintó cientos de estudios y apuntes a la aguada, color sepia oscuro, con una destreza capaz de expresar el volumen, la sombra, la penumbra, el reflejo y el color, pues, para el artista estos apuntes representaban notas en color. Claude Lorrain pintaba grandes paisajes, también a la aguada. Imaginaba el tema que primero componía en un boceto inicial a la aguada, después, al aire libre tomaba notas, a pintar pequeños cuadros a la aguada con dos o tres colores de la misma gama, siena o sepia y tierra sombra y después de ello, recién componía la obra en óleo. Ni Rembrandt ni Lorrain pintaban aun a la acuarela, aunque hicieron de la aguada una manera de pintar que tenía valor por si misma, convirtiéndola en algo más que un medio auxiliar para pintar al óleo, convirtiendose en un procedimiento que requería la misma técnica que la pintura a la acuarela.

 

Durante el siglo XVIII muchos ingleses que viajaban por el continente europeo descubrieron los paisajes de Claude Lorrain y quisieron llevarse a Londres un recuerdo gráfico de Venecia y Roma. Estos recuerdos en forma de aguafuerte, impresos en negro o en sepia (llamadas vedutas), siendo en ese entonces muy famosas las de Canaletto de Venecia. A esta producción de las vedutas se añadían la importante publicación en Gran Bretaña de láminas inglesas, constituidas por aguafuertes o grabados al cobre de dibujo, en negro o en sepia, reproduciendo paisajes y ciudades, monumentos, flores, bodegones, etc, que decoraban las paredes de las casas, ya que eran realizados por dibujantes (llamados topógrafos). Años más tarde se pensó que las vedutas llegadas desde Italia, podían ser más artísticas, si se las iluminaba con colores a la acuarela. 

 

En esta transformación de dibujos a pinturas intervino, entre otros artistas, Paul Sandby, a quien los ingleses llaman padre de la acuarela. Paul Sandby dibujó y grabó planchas con ruinas que iluminaba con colores a la acuarela. En vez de resolver las láminas con la rutina de un trabajo en serie, se esforzó en hacer de cada reproducción una obra única, lo cual le permitió estudiar y experimentar fórmulas y métodos para pintar a la acuarela. Aparte del tiempo en que trabajó en las vedutas, pintó a la acuarela paisajes urbanos y rupestres, sobresaliendo los paisajes captados, muchas veces, del natural. Su técnica y estilo infliyó en los artistas ingleses que pintaban paisajes de su país a la acuarela. A finales del siglo XVIII se conocían artistas tan famosos como William Hogarth, Joshua Reynolds o Thomas Gainsborough, que no solo preconizaban el mérito y el valor de la acuarela, sino que la habían utilizado como forma de expresión. A principios del siglo XIX, en 1804, se fundó la primera Sociedad de Acuarelistas del mundo. Un año después se celebró la primera exposición de cuadros pintados a la acuarela.

La temática de la acuarela se había ampliado a temas más ambiciosos, como composición de figuras. En este campo Henry Fuseli y William Blake demostraron un conocimiento y un poder imaginativo extraordinarios. Las obras de Fuseli se caracterizan por el dibujo exagerado del movimiento y gestos de sus figuras. Son célebres las acuarelas de William Blake para el Libro de Job y para los poemas de Dante. De este modo la acuarela se convirtió en arte por si misma. Los dos mejores exponentes de la acuarela de finales de siglo XVIII  y que influirían en el siglo XIX fueron Joseph Mallord William Turner y Thomas Girtin.

 

Artistas importantes en la acuarela inglesa son Richard Parker Bonington, , que difundió la acuarela en Francia con su mejor representante, Jean Baptiste Camille Corot, John Sell Cotman, quien destacó como uno de los mejores acuarelistas de paisajes del siglo XIX, John Varley, experto en composición y armonización del color. Y aunque John Constable solía realizar la mayoría de sus obras al óleo, también experimentó con la aguada y la acuarela, probando su maestría dentro de ese estilo tan peculiar.

 

Los franceses no conocieron la acuarela hasta finales del siglo XVIII, influenciados por los acuarelistas ingleses. Hubert Robert, VIctor Desprez y Claude Challe viajaron a Italia, donde pintaron paisajes de ruinas. En París dichas obras fueron muy bien recibidas, promoviendo la acuarela en Francia.

 

En España la acuarela fue practicada gracias a la estancia del escocés David Roberts y al entusiasmo de Genaro Pérez Villaamil, quien viajó con David Roberts por la Península Ibérica. A su vez Eugenio Lucas y Cosme Algarra colaboraron con Perez Villaamil. Quien realmente dio a conocer la acuarela en España y ayudó a su divulgación en Italia y Francia fue Mariano Fortuny, uno de los más conocidos artistas del siglo XIX, propulsor de la primera asociación de acuarelistas en España, fundada en Barcelona. A nivel nacional, la primera Asociación de Acuarelistas fue fundada en Madrid en el último tercio del siglo XIX.

Hacia mediados del siglo XIX los americanos fundaron la Asociación Americana de Acuarela. Dos de los más célebres pintores de la época, Thomas Eakins y Winsolw Homer también pintaban a la acuarela. Maurice Prendergast, Mary Cassatt, Whistler y John Singer Sargent fueron los cuatro artistas que tomaron el relevo hasta llegar a un fin de siglo esplendoroso para la acuarela americana.

 

El primer cuadro abstracto de la historia del arte fue pintado a la acuarela en el año 1910 por Wassily Kandinsky. Sin embargo, los artistas de la acuarela, salvo contadas excepciones, no participaron en el arte no figurativo o abstracto , por el contrario, se mantuvieron algo distanciados de los estilos y movimientos que iban sucediéndose durante la mitad del siglo XX, limitándose a incorporar a sus acuarelas la luminosidad de los impresionistas, el uso provocativo del color y el contraste y algunos nuevos esquemas de composición inspirados en el arte moderno en general.

 

Aunque los grandes artistas del siglo XX apenas pintaron acuarelas, el número y la calidad de acuarelistas en toda Europa aumentó bastante. Aunque la acuarela tiene un lenguaje en consonancia con el arte contemporáneo, tiene una base constructiva a la que la pintura a la acuarela no ha renunciado jamás. 

En cuanto a la temática, la pintura a la acuarela sigue con los motivos tradicionales: el paisaje rupestre, la marina, los temas portuarios y de ferrocarril, el retrato y la figura, la naturaleza en general, la naturaleza muerta y temas actuales, dinámicos como casas y calles de suburbios , barracas, zonas industriales, etc.

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